Cuento de terror el viaje de graduación


Cuando terminamos la carrera, el asesor nos preguntó que si deseábamos hacer una fiesta de graduación o un viaje. Elegimos la segunda opción, pues una celebración en un salón, no nos pareció una idea lo bastante atrayente, ya que a esa edad todos íbamos al antro los fines de semana.

Se escogió que el lugar ideal era una playa que se encontraba a unos 100 km de donde estaba ubicado el plantel. Para evitarnos el costo del pasaje del autobús, se contrató un transporte privado.

Mis compañeros y yo sentíamos que estábamos de nuevo en una excursión escolar. Sólo que esta vez sería la última en la que estaríamos juntos.

Eran como las 10:00 de la noche y justamente la mitad del recorrido, escuchamos que uno de los neumáticos delanteros se ponchó.

– ¡Tranquilos! Sólo se reventó una llanta, la cambiaré y proseguir hemos en poco tiempo. Dijo el chofer.

El hombre bajó del autobús y cerró la puerta. Alcancé a ver por una de las ventanillas, como aquel sujeto encendió una linterna y comenzaba a quitar el tapón de la llanta.

Luego sin explicación aparente el freno del camión se quitó, aplastando una de las piernas del chofer. El hombre gemía, más no podemos hacer nada pues aunque uno de mis amigos trató de detener el transporte, este continuaba circulando, como si una entidad maligna lo controlara.

El recorrido (que ahora pienso habrá sido de unos cinco o quizás menos kilómetros) se me hizo eterno, pues mi mente sólo se limitaba a presentarme imágenes de cuentos de terror que había leído en mi juventud.

Algunos dicen que los seres humanos sentimos menos miedo cuando estamos acompañados. Sin embargo, por experiencia propia yo te puedo decir que aquello era una sucursal del manicomio.

Por suerte, el autobús se detuvo al llegar a una de las rampas de emergencia y fue así como pudimos descender. Llamamos a las patrullas de caminos, quienes a su vez le avisaron a una ambulancia para que viniera a rescatar al conductor del ómnibus.

Después del incidente, cada quien regresó a su casa, dejando así sin concluir aquel funesto viaje de graduación.